Carlos Fuentes [Confesión]

El sábado pasé al banco y salí del mismo en lo que fue un mismo movimiento. Caminaba por Misiones y entré al Sanborns de ahí. Miraba alrededor, sin intención de comprar nada. Crucé entre los discos y los deuvedés [palabra que escribo de esta forma pero que nunca la pronuncio de esta manera]. Llegué inexorablemente a la sección de revistas y libros. Me encuentré con el Forbes, a Dyer, La Tempestad, Harry Potter. Terminé adquiriendo Expansión, Crítica, Tierra Adentro y La voluntad y la fortuna por una estúpida anotación de blog. Al pagar con tarjeta, el empleado pasó de un lado de la caja hasta donde me encontraba con cierta ceremonia pedante. Me extendió la pluma y el recibo para que lo firmara. Me despidió con el título de “señor”. Fue en ese momento al terminar todo esto cuando me di cuenta que había ocurrido una transformación samsiana de mis lecturas; en menor grado, de mi mismo.