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Plaga exterminó a millones de personas en México en el Siglo XVI
29 de Diciembre del 2006
Actualizado: 8:28:23 PM hora de Cd. Juárez

AP
MEXICO- Las epidemias que aniquilaron a casi el 80% de la población indígena de México a finales del siglo XVI, décadas después de la conquista española de 1521, podrían no tener nada que ver con enfermedades traídas por los europeos, sino con una fiebre mortal propagada por roedores que causaba una hemorragia, indican estudios de investigadores mexicanos.

Las epidemias en 1545 y 1576 en México pudieron ser causadas por ratas migratorias durante ciclos de sequía _o ratas que se vieron desplazadas de montañas y hábitats vírgenes que fueron colonizadas por mineros_, según señalan recientes teorías que han desatado un acalorado debate en los círculos académicos mexicanos.

Cualquiera de estos dos escenarios reformularía una longeva teoría que acusa a los españoles de haber provocado la muerte de millones de indígenas con una serie de enfermedades que trajeron del Viejo Continente.

Un informe médico sobre las epidemias, que estuvo perdido durante cientos de años, describe que una fiebre causaba fuertes hemorragias, similares a las que provoca el virus Ebola, se propagó entre la mayoría de la población indígena.

“La sangre salía de sus orejas y en numerosos casos, salía a borbotones de la nariz”, escribió el doctor Francisco Hernández, un médico de la corona española que presenció la epidemia de 1576 y efectuó una serie de autopsias. “Casi ninguno salvarse”.

El epidemólogo graduado en Harvard Rodolfo Acuña Soto, profesor de microbiología en la Universidad Autónoma de México, ordenó la traducción del texto de Hernández del latín y luego realizó sus propias investigaciones en las zonas donde las ratas pudieron propagar la enfermedad por orina y heces.

La teoría de Acuña Soto, en la que sustenta que las epidemias fueron producto de una fiebre hemorrágica de los nativos, contradice la hipótesis de que fueron causadas por el virus de la viruela traído por los españoles.

“Esto no era viruela”, acota Acuña Soto. “La patología no concuerda”.

Es cierto que enfermedades típicas de Europa en el siglo XVI, como la viruela, el sarampión y la fiebre tifoidea, mataron a millones de indígenas en la primera década tras la conquista de 1521. Los habitantes del Nuevo Mundo no contaban para ese entonces con sistema inmunológico expuesto a esos virus.

Sin embargo, las epidemias que aniquilaron a gran parte de los indígenas ocurrieron de 30 a 50 años después de la conquista, cuando muchos de ellos probablemente desarrollaron cierta inmunidad a las enfermedades europeas.

Las epidemias de 1545 y 1576 infectaron hasta el 90% de la población indígena y mataron a cuatro de cada cinco infectados. Normalmente morían uno o dos días después de contraer el mal.

Si bien no existen estadísticas confiables de la población azteca en el siglo XVI, se calcula que había entre seis y 25 millones. Lo que si está claro es que millones de personas murieron y para 1600 sólo quedaban 2 millones.

La virulencia y escala de la epidemia ha llamado la atención de expertos modernos en enfermedades. Acuña Soto cree que algunas cepas del virus de ese entonces sobrevive en algunos roedores y humanos, aunque no hay evidencia directa de ello.

“Fue tan grande que arrasó y destruyó por completo la tierra”, escribió Fray Juan de Torquemada, un historiador franciscano que fue testigo de la epidemia de 1576. México “quedó casi vacía”.

Los investigadores tenían escasas explicaciones del mal hasta que hallaron los escritos del doctor Hernández en un archivo del gobierno español.

En el 2000, el doctor Acuña Soto logró la traducción de los escritos y descubrió análisis parecidos a los que se presencian con el Ebola, el letal virus que ha causado devastación en Africa.

Otros testimonios de la época hablan de una invasión de ratas, mientras que Acuña Soto investiga junto a colegas estadounidenses si la llegada de unas sequías feroces causaron un movimiento en masa de los roedores a zonas habitadas por humanos o viceversa.

La teoría de Acuña Soto ha encontrado fuerte oposición. Algunos expertos mexicanos afirman que la invasión de ratas aludida en los testimonios eran roedores provenientes de Europa y Asia portadores de la plaga bubónica, que ocasionaba en sus víctimas vómitos de sangre.

Sin embargo, la posición de Acuña Soto está ganando adeptos, como el médico Carlos Viesca, director de historia médica de la Universidad Nacional de México, quien está casi convencido de que la epidemia surgió entre los indígenas.

“El problema no comenzó ni en Acapulco ni en Veracruz”, dijo Viesca, en referencia a los dos puertos principales de la época, en los que las ratas pudieron haber llegado en las sentinas de los barcos europeos que atracaban en los muelles. Al parecer la enfermedad surgió en las llanuras centrales.

Acuña Soto señala que su teoría ha ofendido a varias personas en México.

“Una gran razón por la que nunca se estudió en profundidad estas epidemias era por el hecho que resultaba más fácil institucional y políticamente acusar a los españoles por las cosas terribles que pudieron pasar”, dijo. “Era la versión oficial de la historia”.

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