La “Respuesta” de Sor Juana

La Respuesta a Sor Filotea, por sus ideas y por postura, no plantea ninguna modernidad. O mejor dicho: la carta de respuesta de Sor Juana viene a ser el manifiesto vital de cada generación literaria. Por lo tanto no veo que se pueda hablar de “modernidad” ya que los achaques que puede llegar a sufrir cada nuevo escritor ya fue definido por Sor Juana. Sin embargo no nos engañemos. La Respuesta a la par de ser un manifiesto es testamento literario. Y es ahí donde podemos ver el genio consagrado antes que esperarlo o vislumbrarlo en algún autor joven.

La cuestión de género no me parece relevante. Cierto es que si no fuera por el sometimiento de las sociedades patrilineales, la inteligencia de la mujer nos hubiese dado frutos mayores a los que registra la Historia. Lo cual no indica que las mujeres no hicieran nada en los pasados dieciocho siglos. Contemporáneo de Sor Juana, tenemos al padre Benito Jerónimo Feijoo que en su Teatro Universal, escribió el mayor florilegio que se haya hecho a la mujer en el neoclásico. Si bien un lector avezado pudiera descubrirme la lectura, éste diría que lo hecho por Feijoo no es más que una enumeración larga y tediosa de las mujeres a lo largo de la historia. Me parece, ya que pretendo verlo con un enfoque contextual más que revisionista, que el texto de Feijoo precisamente por sus circunstancias culturales muestra un desenfado feminista (mejor llamémoslo femenino), ya que precisamente por su longitud es un grito sobre el tranquilo mundo del siglo XVIII.

No hay que dar largas explicaciones caritativas acerca de la condición de mujer en Sor Juana, como tampoco hacer la grosera intromisión en su vida personal para cuestionar su sexualidad. ¿Es que acaso eso puede darnos una luz sobre el asunto que se trata? ¿Podemos ver que haya un prurito en Sor Juana por definirse como lesbiana? ¿Qué obtendría al declararse como tal en una sociedad dominada por la moralidad religiosa de una sexualidad con fines exclusivamente reproductivos? Esas observaciones que se hacen por los comentaristas de la posteridad en poco o nada enriquecen a los textos. ¿Acaso se demerita el trabajo de un poeta y crítico al sacar a la luz que abusaba de su esposa o que robaba el trabajo de ésta? Precisamente el valor de la literatura es que nos aparta de las manías y obsesiones pintorescas de sus autores, porque la literatura, aunque me lo niegue, es un actividad seria que está más allá de los chismes o indiscreciones personales. Un chisme y un monumento literario están separados por mundos de distancia. Y algo más: una literatura puede surgir de un chisme, pero un chisme no puede hacer surgir una literatura. No crea, amable lector, que divago. Aún sigo hablando de Sor Juana.

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Los dos problemas capitales de La Respuesta son: el de la formación del escritor y el de la apología del genio. Al conjuntar lo anterior tendríamos que sobre todo se palpa el pedir perdón por la intromisión en un espacio intelectual y que al hacerlo se ha dinamitado el convento de las influencias literarias.

La literatura es un arte que lleva el peso de la autoridad. Sería difícil precisar en qué momento la revisión de la literatura anterior es un prerrequisito para un gran autor. No es de ninguna manera un mérito el de olvidarse de lo ya escrito y pretender escribir desde el punto cero que implicaría la experiencia subjetiva del autor. Sin embargo es muy dudoso el valor de la tradición en la literatura, ya que si aplicamos el pensamiento de Eric Hobsbawn, él argumenta que varias tradiciones son inventadas por naciones elitistas para justificar la existencia y la importancia de sus respectivas naciones. De esta manera, cuando en literatura se habla de “tradición” lo que se pretende decir es una formación desde una perspectiva y fondo europeizante.

Tal vez lo anterior lo enfrentó Sor Juana. El hecho geográfico y accidental de pertenecer a una Colonia de España fue otro de los muchos obstáculos que tuvo. Porque la inteligencia de Sor Juana no se pone en duda. Pero es ahí que vivir a la izquierda del Atlántico le acarreó siniestros y un mal agüero. Si lo tomáramos en consideración, la figura de Santa Teresa es menor, literariamente hablando, que la de Sor Juana. La santa de Ávila en sus escritos espirituales, nos ofrece una farragosa redacción que hasta el mismo Cervantes, hubiera execrado.

Olvidémosnos de tradiciones. Lo importante en la literatura es la formación del autor. Esto no es nada nuevo: viene a representar el mismo espíritu de voluntad que ha existido desde siempre en los más representativos autores de todos los tiempos. La voluntad de la formación llevó a Sor Juana a formarse en teología, lógica, retórica, física, medicina, aritmética, geometría, arquitectura, historia, derecho, historia de las religiones, patrística, música y astrología. Estos son campos indispensables para darse una idea de cómo producir literatura. Si algo tiene de moderna la “Respuesta”, es la lección que deja a los autores contemporáneos, al decirles que no nada más con su carisma, sentimientos y don de gente van a aportar algo a la literatura.

Con lo dicho estaríamos ante una responsabilidad enorme que debería de asumir el autor. Pero esto no deja de ser un aspecto muy sencillo de la formación, la lectura. Lo que por ahí nos dice Sor Juana, a entre líneas, es que hay una formación anagráfica, en donde no tiene cabida los libros ni la lectura de textos. Es un estado de privación o de carencias, falta de libros o, agregando, de autoritarismos. Tal como dice Sor Juana, llegó un tiempo en que ella no estudiaba en los libros, estudiaba en las todas las cosas de la máquina universal que es el mundo. La lectura anagráfica es la lectura del mundo que conlleva una visión crítica y de insurrección cuando se coarta por medio de otros la sed del aprendizaje.

Esos son dos mensajes que deja Sor Juana y que la vuelven indispensable para cada generación. Es cierto que el último término mencionado de la anagrafía puede resultar extraño, chocante por su exuberancia. Pero más allá de las dos formaciones, el lector de La Respuesta de Sor Juana tiene la fortuna de leerla a partir de sus últimas palabras desde la literatura. Porque a partir de esta carta se produjo en Sor Juana una formación más extraña que la anagráfica. Ella, después de su respuesta tuvo que aprender a leer el silencio.

Al leer las notas biográficas de muchísimos autores, nos daremos cuenta que hay pocas personas que se retiran de las letras. Ahí está Sor Juana con un retiro humillante, forzado e indigno de su alta naturaleza. A su par no hay nadie. Acaso el de ese dramaturgo inglés que se retiró a Stratford llamado William Shakespeare. El sobrevivió tres años sin la literatura; Sor Juana, al parecer, cuatro. No se puede sobrevivir al silencio. El advenimiento de la muerte es menor que el dolor de un universo sin palabras.